Nuestra Historia

 

 

 

Al fundarse esta casa, nuestro propósito inicial era difundir los textos fundamentales en materia económica. Pero muy pronto se tuvo conciencia de que nuestros lindes debían extenderse a todos los ámbitos del conocimiento, nacional e internacional. Así pues, reafirmamos nuestra propia cultura en todas las disciplinas, a la vez que nos mantenemos atentos y receptivos a las ideas de todos los pueblos.

El Fondo de Cultura Económica (FCE) se distingue por ser una editorial de amplio criterio en la que los autores, hispanohablantes y de lenguas extranjeras, tienen oportunidad de exponer sus ideas con absoluto respeto a su libertad de expresión. Por ello, en el curso de los años se han publicado las obras de muchos y muy brillantes talentos, los cuales integran el catálogo siempre vigente de nuestra empresa, uno de los más ricos y variados de Iberoamérica.

La historia del FCE se remonta a 1934, cuando Daniel Cosío Villegas, uno de los más grandes intelectuales mexicanos del siglo XX, comprendió la necesidad de crear una biblioteca básica en español enfocada, ante todo, a los estudiantes de la recién fundada Escuela Nacional de Economía.


 


 

El FCE no fue concebido como empresa lucrativa, sino como institución de fomento cultural, y surgió gracias al apoyo financiero del Estado, en calidad de fideicomiso, con el fin de impulsar la cultura sin condicionarla ni censurarla. Pronto se formó una Junta de Gobierno y, desde su fundación, la empresa definió su destino, estableciendo una relación de mutuo respeto con el Estado. Desde sus inicios, los libros que ha publicado no tienen otra finalidad que la difusión del conocimiento.

Así, después de la colección de Economía, surgieron nuevas y variadas series que en un principio brindaron al público traducciones al español de lo más avanzado del saber universal.

 


 

Durante los primeros 15 años de vida de la editorial, bajo la sabia dirección de don Daniel, se publicaron 342 títulos comprendidos en las colecciones de Economía, Política y Derecho, Sociología, Historia, Tezontle, Filosofía, Antropología, Biblioteca Americana, Tierra Firme y Ciencia y Tecnología. Asimismo, en este lapso se empezaron a promover y publicar obras en lengua española, que vinieron a sumarse a las traducciones iniciales del catálogo de la editorial.

 


 

De 1948 a 1965 ocupó la dirección Arnaldo Orfila Reynal. Durante estos años se publicaron 891 títulos nuevos y se crearon siete colecciones: Breviarios; Lengua y Estudios Literarios; Arte Universal; Vida y Pensamiento de México; Psicología, Psiquiatría y Psicoanálisis, y la muy gustada Colección Popular. El patrimonio de la editorial crecía a pasos agigantados, haciendo sentir su presencia no sólo en la vida cultural de México sino en la de Iberoamérica.

 


 

El FCE crecía no sólo en número de colecciones y títulos sino en redes de distribución, de modo que comenzó a incursionar en el extranjero, estableciendo sucursales en Buenos Aires, Argentina, en 1945, y en Santiago de Chile, en 1954. El FCE llegó a Europa en 1963, al fundar en España su mayor sucursal.

En el periodo de 1965 a 1976 el FCE publicó 608 novedades y tuvo varios directores: de 1966 a 1970 Salvador Azuela dio continuidad a las colecciones ya existentes; de 1970 a 1972 Antonio Carrillo Flores dirigió con gran éxito la editorial; Francisco Javier Alejo creó la colección Archivo del Fondo durante su administración, de 1972 a 1974. Lo sucedió Guillermo Ramírez, quien durante el periodo 1974-1976 adquirió varias empresas para reforzar las tareas de impresión y encuadernación. De 1977 a 1982 ocupó la dirección José Luis Martínez, quien creó la colección Revistas Literarias Mexicanas Modernas y publicó 448 títulos nuevos. Jaime García Terrés encabezó la editorial de 1983 a 1988, añadiendo 12 colecciones y 1 397 títulos nuevos.

Como director, en 1989, Enrique González Pedrero reforzó la colección de Política y Derecho; en el periodo 1990 a noviembre de 2000 el FCE estuvo a cargo del licenciado Miguel de la Madrid H., quien, al implantar programas de modernización en las áreas productivas y administrativas de la editorial, logró incorporarla a las corrientes más avanzadas de la cultura, manteniendo a su vez el pluralismo y la apertura que la han caracterizado desde sus inicios.

En el periodo 1990-2000 se publicaron 2 300 novedades y casi 5 000 reimpresiones. Se lanzaron proyectos de cobertura internacional como el de Periolibros, en colaboración con la UNESCO. Dicho proyecto consistió en la publicación, en forma de periódico, de obras de autores iberoamericanos de reconocida importancia, como César Vallejo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Clarice Lispector y Gabriel García Márquez, entre otros. Los textos se incluyeron a manera de suplemento en los 20 periódicos que participaron en el convenio.

Se crearon dos colecciones de libros para niños y jóvenes: la muy exitosa A la Orilla del Viento, y Travesías, además de la serie Hijos de la Primavera. Vida y palabras de los indios de América. También, celebrando nuestro rico patrimonio histórico, se inició la colección de Códices Mexicanos y, recientemente, se lanzaron la colección Fondo 2000 y los audiolibros en la colección Entre Voces.

Por otro lado, custodiando una parte del acervo cultural de México y de Iberoamérica, el Fondo de Cultura Económica, en colaboración con la UNESCO, se ha dedicó a resguardar el material bibliográfico, la obra gráfica y los manuscritos de escritores como Octavio Paz, Rosario Castellanos, Juan Rulfo y Carlos Pellicer, entre otros, en la colección Archivos.

 


 

Otro proyecto, en colaboración con el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa, consistió en poner al alcance de alumnos y maestros del Sistema Red Escolar de la Secretaría de Educación Pública algunos títulos de las colecciones La Ciencia para Todos, Fondo 2000, Breves Historias de la República Mexicana y Diccionarios.

Desde su fundación, el Fondo de Cultura Económica ha sabido que el libro es un objeto vivo y sensible a las transformaciones sociales. Es así como ha evolucionado junto con su entorno desde su surgimiento en 1934.

Por ello, no es exagerado decir que la historia cultural de Iberoamérica está inseparablemente ligada a la historia de esta casa editora. De hecho, ciertos fenómenos de la vida cultural de Iberoamérica son explicables por la repercusión de las ideas difundidas por el FCE. Para muchas generaciones de estudiantes y profesionales, esta casa ha sido fuente inagotable de conocimientos, ha satisfecho tanto sus necesidades técnicas como sus inquietudes intelectuales. EL FCE es la editorial de México y de Iberoamérica.

A lo largo de su vida, el FCE, además de cumplir con sus labores estrictamente editoriales, se ha interesado en otras actividades que lo han convertido en una empresa cultural de mayor variedad. Parte de esta expansión son sus publicaciones periódicas. La Gaceta, que se originó como boletín bibliográfico en 1954, es ya una revista mensual y fue galardonada con el Premio Nacional de Periodismo en 1987 y el Premio Caniem 98, como reconocimiento a su labor de difusión cultural.

 


 

El FCE es ejemplo de asimilación y aprovechamiento de las tendencias modernas que exigen prestar mayor atención a los procesos empresariales, sin desatender los antiguos valores editoriales que guiaron su fundación.

Consciente de que su presencia es cada vez más importante en el campo editorial nacional e internacional, el FCE se ha fijado metas de modernización guiándose por dos principios fundamentales: mantener el prestigio de la editorial como salvaguarda de la cultura iberoamericana, y estar abierto a cualquier corriente de promoción de la cultura.

La creación de un avanzado sistema de información para atender las necesidades del manejo de información de todas las áreas de la editorial muestra cómo la tecnología puede ponerse al servicio de la cultura; se introdujeron sistemas de vanguardia en el área de edición para acelerar sus procesos.

Además de su casa matriz, el FCE ha establecido nueve filiales con el fin de ampliar el alcance de sus libros en el mundo.

Desde diciembre de 2000 y hasta abril de 2002, la Dirección General estuvo a cargo del Maestro Gonzalo Celorio Blasco. En su gestión se creó la colección Noema, enfocada a la difusión de grandes ensayos y ensayistas.

En mayo de 2002 Consuelo Sáizar Guerrero asumió la Dirección General del Fondo de Cultura Económica. Bajo su dirección se crearon 24 nuevas colecciones, entre las que destacan Cuadernos de la Cátedra Alfonso Reyes, Obras Reunidas, Los Primerísimos, A Través del Espejo, Nuevo Periodismo, Colección Conmemorativa 70 Aniversario, Centzontle, Aula Atlántica, Capilla Alfonsina, Biblioteca Universitaria de Bolsillo y Poesía. Se inauguraron en ese periodo el Centro Cultural Bella Época, que contiene la librería Rosario Castellanos, en la Ciudad de México, y el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en Bogotá, Colombia, así como las librerías Elena Poniatowska, en Ciudad Nezahualcóyotl, y Luis González y González, en Morelia.

En marzo 2009 tomó posesión Joaquín Díez-Canedo Flores como director general de la institución. Ese mismo año el FCE celebró su 75 aniversario, cuyos festejos incluyeron la realización del Congreso Internacional del Mundo del Libro y una serie de publicaciones conmemorativas, amén de una variante conmemorativa de su logotipo. En 2010 se editaron y reimprimieron numerosas obras como parte de las celebraciones del bicentenario del inicio de la Independencia y el centenario del inicio de la Revolución mexicana.

El 17 de enero de 2013, el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor nombró como director general del Fondo de Cultura Económica (FCE) al licenciado José Carreño Carlón. El maestro Carreño Carlón estudió la licenciatura en derecho en la UNAM y es doctor en comunicación pública por la Universidad de Navarra, España.

Es profesor de derecho de la información en la UNAM y académico de la Licenciatura de Comunicación de la Universidad Iberoamericana. En 1987 recibió el Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo y en 2005 la Medalla Manuel Alonso Muñoz como comunicador social.

Ha desempeñado diversos cargos en la administración pública, entre los que destacan el de embajador de México ante el Reino de los Países Bajos, director general de Comunicación Social de la Presidencia de la República y diputado federal. En el ámbito de la comunicación ha tenido, entre otros cargos, el de director general de El Nacional, y subdirector de La Jornada y de El Universal.

 


 

Fondo de Cultura Económica en Argentina

Con la inauguración en 1945 de la subsidiaria en Argentina, el Fondo de Cultura Económica inicia su internacionalización. Dirigida en sus comienzos por don Arnaldo Orfila Reynal, la subsidiaria argentina se convirtió rápidamente en un punto de referencia obligado de la vida cultural y académica del país. Vector de conocimiento y comunicación entre México y Argentina, fortaleció el vínculo entre los intelectuales y escritores de los dos extremos de la América Latina.

Durante más de medio siglo la filial argentina del FCE ha sido difusora de la cultura y el pensamiento mexicanos, promoviendo en los ámbitos académicos y de educación media la obra de los más destacados escritores publicados en México. Así, durante décadas se distribuye la obra de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Mariano Azuela, por mencionar sólo algunos entre los cientos de autores cuyos libros pasaron a integrar los programas de estudio y a ser frecuentados por el público en general.

Desde mediados de la década de 1990, la filial argentina del FCE comenzó un importante programa editorial en el que se alternan obras de los principales autores argentinos con libros traducidos que contribuyen al enriquecimiento del catálogo global que la editorial ha adquirido en el ámbito de la lengua. Así, la filial argentina del Fondo se convirtió en uno de los polos editoriales más importantes del país en ciencias sociales y ciencias humanas.

Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal

Situado en el mítico, multifacético y a la vez moderno barrio de Palermo, el emprendimiento cuenta con dos pisos de librería, un salón de actividades culturales, una sala de exposiciones y una cafetería. Un lugar de encuentro, de diálogo, de intercambio de ideas. Un espacio amplio, luminoso y alegre, para disfrutar del pensamiento, de las letras y del arte.

 


 

 

 

Arnaldo Orfila Reynal

Arnaldo Orfila Reynal fue la esencia y el alma máter de la editorial Fondo de Cultura Económica en la Argentina. Pero su oficio editorial tuvo un horizonte más amplio, una proyección mayor: fue un protagonista indiscutible del siglo XX en la labor de difundir la cultura y el pensamiento mexicano y latinoamericano, y en fortalecer el vínculo entre intelectuales y escritores de los dos extremos de América Latina.

Nació en la ciudad de La Plata, en 1897. Se graduó como doctor en Ciencias Químicas en la Universidad de Buenos Aires y fue militante del Partido Socialista. Su primer encuentro con México fue cuando participó como delegado en el Congreso Internacional de Estudiantes, realizado en 1921.

Fue el bautismo de su relación, entre otros intelectuales, con Daniel Cosío Villegas, presidente de ese Congreso y uno de los fundadores, en 1934, del Fondo de Cultura Económica. Cosío Villegas lo convocó en 1944 para abrir la primera filial americana en Buenos Aires, con la que se inició un proceso de internacionalización de la editorial.

Orfila materializó la tarea de inaugurarla en enero de 1945, en la esquina de Piedras e Independencia. Fue su primer director hasta 1947, cuando fue nuevamente convocado por Cosío Villegas, esta vez para dirigir la casa central en México. Se desempeñó en este cargo entre 1948 y 1965, cuando fue desplazado por razones políticas. En 1966, fundó la editorial Siglo XXI. Resultó un actor fundamental en la organización de la Editorial Universitaria de Buenos Aires, Eudeba, en 1957. Murió en México, en 1998.

Arnaldo Orfila Reynal fue y será un permanente motivo de orgullo e inspiración para el Fondo de Cultura Económica. Los valores que sostuvo en sus 100 años de prolífica vida, su mirada siempre renovada, su profunda pasión por el libro y el saber, su entrega y su capacidad de trabajo son un espejo en el cual nos proyectamos siempre y que renovamos hoy, con la creación de este espacio cultural. Es nuestro homenaje a un modelo de editor: proactivo, interesado en el mundo y resuelto a hacer de ese oficio su vida. Editar es dar a luz y ese fue el camino de Orfila: poner luz sobre las letras, llevarlas hasta los lectores.

El Proyecto

“En este proyecto trabajamos sobre la identidad del barrio. En un poema, Borges cuenta que es por el patio por donde entra la luz a la casa, y la ciudad, que él se imagina en la fundación mítica de Buenos Aires, se encuentra precisamente en Palermo, en la vueltita de Serrano. Todas esas cosas están presentes en este proyecto. Para ese barrio, Palermo, para el lugar y la gente, será muy importante que una librería del Fondo de Cultura Económica se encuentre allí, pues implica la reunión de diversas tradiciones. Será un hermoso lugar para mirar libros, escuchar música, leer o simplemente mirar las plantas, ver a la gente caminar, la plaza, la ciudad”.

Con esta natural claridad explicaba el arquitecto Clorindo Testa la concepción de la librería. Desde un primer momento, los objetivos del proyecto tuvieron dos ejes: el entorno de la plaza y el contexto histórico de una típica vivienda de barrio porteña, la casa chorizo.

 


 

Testa representa la figura más importante de la arquitectura argentina del siglo XX. Nació en Nápoles, en 1923; su familia emigró a la Argentina a los pocos meses. De niño fue un apasionado de los barcos; sin embargo, estudió Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, de donde se graduó en 1948. Conjugó su profesión de arquitecto con su faceta de artista para alcanzar en ambos terrenos el reconocimiento nacional e internacional. Muchos de los edificios más emblemáticos del país son obra de su ingenio: la Biblioteca Nacional, el Centro Cultural Recoleta, el paseo Buenos Aires Design, entre muchos otros realizados a lo largo de su fecunda carrera.

Clorindo Testa falleció en Buenos Aires el 11 de abril de 2013. No pudo ver esta obra terminada, pero sí imaginar la plaza recortada como un cuadro desde la terraza de la librería. Todo comienza en la imaginación, en la capacidad de alguien para concebir ideas, proyectos o creaciones innovadoras. Las obras de Testa prueban que su imaginación fue excepcional.

 


 

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