Notas de Prensa
14/11/2017
Al encuentro de nuevos y viejos lectores
Silvina Friera
Página 12

El nervio del pasado, del presente y del futuro palpita en las librerías. Y no es por arte de magia, aunque tenga su extraña magia husmear y revolver cientos de estanterías. La pasión insaciable de meter la mano en los libros suspende la coreografía urgente de las horas, para crear otro tiempo-mundo en la obstinada tentación de fisgonear o perderse en tantas páginas. Vuelve, después de quince años, la librería del Fondo de Cultura Económica (FCE). El mexicano José Carreño Carlón, el director general de la editorial, colocó la piedra fundacional de la librería, que se llamará Arnaldo Orfila Reynal, en el predio de Costa Rica 4568, entre Armenia y Malabia, en el barrio de Palermo, que se inaugurará en agosto de 2016. El reconocido arquitecto y artista plástico Clorindo Testa (1923-2013) diseñó este nuevo espacio que tendrá casi mil metros cuadrados distribuidos en tres plantas, con un subsuelo, una cafetería, una sala para actividades culturales y otra para la exposición de obras de arte. “No basta con hacer libros; hay que distribuirlos bien en todas las plataformas, en formato impreso o digital. Hay que hacer que el libro sea una verdadera fiesta del encuentro con los lectores –subraya Carreño Carlón a Página/12–. No sólo se trata de abrir librerías como centro de ventas, sino que tenemos que lograr que sean verdaderos puntos de reunión de lectores de varias generaciones. La vocación de quienes producen y distribuyen libros hoy es alentar estos intercambios, estas conversaciones informadas que generan sensibilidad, si son libros de literatura. O distribuyen el conocimiento que se produce en nuestros países, si son ensayos.” Arnaldo Orfila Reynal (La Plata, 1897-Ciudad de México, 1997), editor, académico y químico argentino, dirigió la primera filial del FCE en Buenos Aires entre 1945 y 1947. Después de trasladarse a México, asumió la dirección editorial de 1948 a 1965. “El Fondo tuvo un quebranto con la salida de don Arnaldo por una confrontación que le planteó un gobierno muy conservador y represivo del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz –recuerda Carreño Carlón–. Fue un golpe traumático, pero se sobrepuso al grado que lo ha subrayado el nuevo Premio Cervantes, Fernando del Paso. El escritor salió junto con Arnaldo Orfila cuando iba a publicar su primer libro, José Trigo. Fernando del Paso dijo que estaba predestinado a publicar su obra en el Fondo, pero ocurrió este golpe y se fue. Me da mucho gusto que el Fondo se haya sobrepuesto a aquellos años oscuros y que no sólo se haya normalizado, sino que haya crecido asombrosamente en las siguientes décadas. El Fondo sobrevivió a las dictaduras militares más brutales de Chile y Argentina, donde mantuvo abiertas sus filiales. Todos los latinoamericanos que queremos a los libros estamos muy orgullosos y nos da mucho gusto este regreso.” El FCE tiene 23 librerías en México y 10 filiales en el mundo; la última la inauguró recientemente en Quito (Ecuador), un centro cultural bautizado con el nombre de Carlos Fuentes, que se agrega a las casas en Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Guatemala, Brasil, Estados Unidos y España. “Hay un mundo del libro en español, más allá de las fronteras tradicionales de América latina y de España, que está en el Norte –advierte el director general del FCE–. La población hispanohablante en Estados Unidos es de 53 millones, mayor que la de España y Argentina.” Carreño Carlón cuenta que tienen librerías en lugares como Michoacán, un estado mexicano entre los más afectados por la violencia del narcotráfico, donde los escritores del sello se reúnen no sólo a hablar con los jóvenes, sino también a dar talleres de lectura y de escritura. Volver a tener una librería en Buenos Aires es para el FCE “un acto de política cultural que subraya la cercanía entre nuestros pueblos”, pondera el director general. “Tenemos una relación muy entrañable en el campo intelectual y editorial, pero también hay grandes afinidades en términos de relaciones humanas. En México hay varias generaciones de argentinos que desarrollaron parte de su vida profesional y cultural allá, cuando se exiliaron por la dictadura militar”. “Andar a medianoche por las librerías porteñas es emocionante”, confiesa Carreño Carlón, lector voraz que, antes de asumir el timón de FCE en enero de 2013, trabajó como periodista; escribió artículos en Uno Más Uno, fue subdirector del diario La Jornada y director de El Nacional. “Me llena de orgullo la colección Serie del Recienvenido que dirige Ricardo Piglia. Yo llegué a la dirección del Fondo hace casi tres años y uno de los primeros hombres de letras que me orientó con afecto y con todo su conocimiento fue Ricardo”, recuerda el director y vaticina la importancia que tendrá la librería Arnaldo Orfila Reynal. “No venimos a competir. Esa palabra la tenemos prohibida. En países como los nuestros, lo que hay que hacer es reunir esfuerzos para seguir creando lectores de calidad y continuar teniendo una oferta diversa, como la que se hace en las editoriales de nuestros países. Ahí está la otra vocación del Fondo que también se comparte con las librerías porteñas, que es propiciar la circulación de los libros que se producen en América latina. Para leer un libro de Chile hay que cruzar la cordillera. El Fondo se ha propuesto que eso no ocurra en sus librerías. Queremos tener las ofertas de las editoriales de todo nuestro mundo hispano sin discriminaciones. Esta es una vocación desde los orígenes. Hay una historia que nos liga muy estrechamente y con este paso que estamos dando queremos hacer que esta ligazón sea más productiva en la librería”.
14/11/2017
Al encuentro de nuevos y viejos lectores
Silvina Friera
Página 12

El nervio del pasado, del presente y del futuro palpita en las librerías. Y no es por arte de magia, aunque tenga su extraña magia husmear y revolver cientos de estanterías. La pasión insaciable de meter la mano en los libros suspende la coreografía urgente de las horas, para crear otro tiempo-mundo en la obstinada tentación de fisgonear o perderse en tantas páginas. Vuelve, después de quince años, la librería del Fondo de Cultura Económica (FCE). El mexicano José Carreño Carlón, el director general de la editorial, colocó la piedra fundacional de la librería, que se llamará Arnaldo Orfila Reynal, en el predio de Costa Rica 4568, entre Armenia y Malabia, en el barrio de Palermo, que se inaugurará en agosto de 2016. El reconocido arquitecto y artista plástico Clorindo Testa (1923-2013) diseñó este nuevo espacio que tendrá casi mil metros cuadrados distribuidos en tres plantas, con un subsuelo, una cafetería, una sala para actividades culturales y otra para la exposición de obras de arte. “No basta con hacer libros; hay que distribuirlos bien en todas las plataformas, en formato impreso o digital. Hay que hacer que el libro sea una verdadera fiesta del encuentro con los lectores –subraya Carreño Carlón a Página/12–. No sólo se trata de abrir librerías como centro de ventas, sino que tenemos que lograr que sean verdaderos puntos de reunión de lectores de varias generaciones. La vocación de quienes producen y distribuyen libros hoy es alentar estos intercambios, estas conversaciones informadas que generan sensibilidad, si son libros de literatura. O distribuyen el conocimiento que se produce en nuestros países, si son ensayos.” Arnaldo Orfila Reynal (La Plata, 1897-Ciudad de México, 1997), editor, académico y químico argentino, dirigió la primera filial del FCE en Buenos Aires entre 1945 y 1947. Después de trasladarse a México, asumió la dirección editorial de 1948 a 1965. “El Fondo tuvo un quebranto con la salida de don Arnaldo por una confrontación que le planteó un gobierno muy conservador y represivo del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz –recuerda Carreño Carlón–. Fue un golpe traumático, pero se sobrepuso al grado que lo ha subrayado el nuevo Premio Cervantes, Fernando del Paso. El escritor salió junto con Arnaldo Orfila cuando iba a publicar su primer libro, José Trigo. Fernando del Paso dijo que estaba predestinado a publicar su obra en el Fondo, pero ocurrió este golpe y se fue. Me da mucho gusto que el Fondo se haya sobrepuesto a aquellos años oscuros y que no sólo se haya normalizado, sino que haya crecido asombrosamente en las siguientes décadas. El Fondo sobrevivió a las dictaduras militares más brutales de Chile y Argentina, donde mantuvo abiertas sus filiales. Todos los latinoamericanos que queremos a los libros estamos muy orgullosos y nos da mucho gusto este regreso.” El FCE tiene 23 librerías en México y 10 filiales en el mundo; la última la inauguró recientemente en Quito (Ecuador), un centro cultural bautizado con el nombre de Carlos Fuentes, que se agrega a las casas en Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Guatemala, Brasil, Estados Unidos y España. “Hay un mundo del libro en español, más allá de las fronteras tradicionales de América latina y de España, que está en el Norte –advierte el director general del FCE–. La población hispanohablante en Estados Unidos es de 53 millones, mayor que la de España y Argentina.” Carreño Carlón cuenta que tienen librerías en lugares como Michoacán, un estado mexicano entre los más afectados por la violencia del narcotráfico, donde los escritores del sello se reúnen no sólo a hablar con los jóvenes, sino también a dar talleres de lectura y de escritura. Volver a tener una librería en Buenos Aires es para el FCE “un acto de política cultural que subraya la cercanía entre nuestros pueblos”, pondera el director general. “Tenemos una relación muy entrañable en el campo intelectual y editorial, pero también hay grandes afinidades en términos de relaciones humanas. En México hay varias generaciones de argentinos que desarrollaron parte de su vida profesional y cultural allá, cuando se exiliaron por la dictadura militar”. “Andar a medianoche por las librerías porteñas es emocionante”, confiesa Carreño Carlón, lector voraz que, antes de asumir el timón de FCE en enero de 2013, trabajó como periodista; escribió artículos en Uno Más Uno, fue subdirector del diario La Jornada y director de El Nacional. “Me llena de orgullo la colección Serie del Recienvenido que dirige Ricardo Piglia. Yo llegué a la dirección del Fondo hace casi tres años y uno de los primeros hombres de letras que me orientó con afecto y con todo su conocimiento fue Ricardo”, recuerda el director y vaticina la importancia que tendrá la librería Arnaldo Orfila Reynal. “No venimos a competir. Esa palabra la tenemos prohibida. En países como los nuestros, lo que hay que hacer es reunir esfuerzos para seguir creando lectores de calidad y continuar teniendo una oferta diversa, como la que se hace en las editoriales de nuestros países. Ahí está la otra vocación del Fondo que también se comparte con las librerías porteñas, que es propiciar la circulación de los libros que se producen en América latina. Para leer un libro de Chile hay que cruzar la cordillera. El Fondo se ha propuesto que eso no ocurra en sus librerías. Queremos tener las ofertas de las editoriales de todo nuestro mundo hispano sin discriminaciones. Esta es una vocación desde los orígenes. Hay una historia que nos liga muy estrechamente y con este paso que estamos dando queremos hacer que esta ligazón sea más productiva en la librería”.
28/09/2017
La ficción tiene razón, reseña de "La historia es una literatura contemporánea"
Rogelio Demarchi
La Voz

Cuando las ciencias se redefinieron en oposición al arte, se desvinculó a la literatura de la producción de conocimiento. La ficción que la caracteriza, en consecuencia, fue identificada como lo que no tiene ni expresa "voluntad de verdad"; al no ser algo verdadero, pero tampoco falso, sería otra cosa muy distinta: un juego de la imaginación, una conjetura, sin más pretensión que el placer estético. Ese rígido esquema ha sido analizado desde distintas perspectivas, por historiadores y filósofos, en las últimas décadas. Paul Veyne, Paul Ricoeur y Hayden White son algunos de los que buscaron poner en crisis la separación entre la historia y la literatura. Ahora le toca el turno al historiador Ivan Jablonka. En La historia es una literatura contemporánea sostiene que "la literatura no es necesariamente el reino de la ficción" y que "la historia es más literaria de lo que pretende". Con todo, su provocador (y convincente) planteo se presenta como "una reflexión sobre los géneros" que le permite "sugerir una posibilidad". Según una de sus formulaciones, "la historia es tanto más científica cuanto más literaria es". Jablonka explica -con tanta erudición como didactismo- cómo eran las cosas antes de esa gran división y en qué contexto se produjo. Su análisis del 1800, época en la que lee una fuerte "competencia" entre la historia nacional y la novela realista, es muy interesante, pues ambas -advierte- rivalizaban en "el objetivo de verdad, la capacidad de desciframiento, la epifanía de pueblo, la regeneración del pasado". Y si tuviese que premiar a uno de esos proyectos, no dudaría: "El escritor no solo realiza un trabajo más difícil que el historiador, sino que sus novelas son más auténticas, más demostrativas; en suma, más verdaderas". Entonces, en aquellos novelistas había un espíritu cientificista, aunque sus contrincantes se lo negasen. Si llegamos a esa conclusión, nos tocaría a nosotros, hoy, reconocerlo. A esa reivindicación apunta el segmento central del ensayo: a demostrar que la ficción, cuando está sostenida por un "razonamiento histórico", excede la definición de literatura y se proyecta sobre el campo de la historia, lo mismo que el periodismo, un expediente judicial o la crónica de un viaje, porque "la historia (como razonamiento) está presente en actividades que no tienen nada de histórico". Ese razonamiento histórico, a través de una serie de operaciones, hace emerger la verdad. Y una ficción puede transmitírsela a un lector con una instantaneidad que la historia no posee. Esto no significa que haya que abolir la frontera entre realidad y ficción, sino algo más atractivo: aceptar que existe una literatura de lo real y que la historia puede asumir la experimentación literaria.
13/09/2017
#PorLasLibrerías. Una apuesta que trasciende el universo del libro: Librería del Fondo
Lorena Oliva
La Nación

"El proyecto de contar con una librería propia existía desde hacía mucho tiempo", reconoce Carlos Salcedo, encargado de la Librería del Fondo, la primera librería en el país de la editorial Fondo de Cultura Económica, que se inauguró el 28 de octubre último. El edificio moderno y luminoso es obra de Clorindo Testa y cumple con creces lo que fue uno de los ideales a la hora de pensar el lugar: ser punto de encuentro con los libros, pero también con el arte, la cultura o sencillamente con los otros en el bar que se aprecia en la planta baja. Cuenta, además, con dos pisos de librería, un auditorio en donde funciona el centro cultural Arnaldo Orfila Reynal, y un tercer piso pensado para muestras. "Ofrecemos todo el catálogo de la editorial más los títulos más importantes de las editoriales clásicas e independientes con el valor agregado de una linda experiencia. Apostamos por una oferta heterogénea, en la que puedas encontrar tanto los libros clásicos como los independientes e importados", resume Salcedo el espíritu de la Librería del Fondo. Perfil de público: "Muchos docentes e investigadores que se han formado con títulos de nuestra editorial y además muchas familias, muchos turistas y vecinos del barrio." Actividades culturales: • Erotopías en el Fondo, Ércole Lissardi y Ana Grynbaum, los días 21 y 22 de septiembre, a las 18. Un recorrido por las representaciones de la sexualidad en la cultura de Occidente como espacio de encuentro más allá de la realidad cotidiana, más cercano a los sueños. Viajes al territorio de Eros en la obra de artistas tan diversos como Watteau, Casanova, Gauguin, Flaubert, Van Gloeden, Beardsley, Balthus y Buñuel. Abierto a todo público • Jornadas Pizarnik, encuentro con autores y autoras alrededor de la obra de Alejandra Pizarnik. Los días 22 y 29 de octubre a las 18. • En el centro cultural también se dictan talleres. Actualmente, dos de ellos son dictados por Silvia Hopenhaynn y además ofrece un taller de periodismo para chicos. Títulos más vendidos: • Independientes de qué, de Víctor Malumián y Hernán López Winne. • El animalario vertical, un divertido libro infantil de Miguel Murugarren y Javier Sáez Castán. • Diario, de Witold Gombrowicz.
13/09/2017
#PorLasLibrerías. Una apuesta que trasciende el universo del libro: Librería del Fondo
Lorena Oliva
La Nación

"El proyecto de contar con una librería propia existía desde hacía mucho tiempo", reconoce Carlos Salcedo, encargado de la Librería del Fondo, la primera librería en el país de la editorial Fondo de Cultura Económica, que se inauguró el 28 de octubre último. El edificio moderno y luminoso es obra de Clorindo Testa y cumple con creces lo que fue uno de los ideales a la hora de pensar el lugar: ser punto de encuentro con los libros, pero también con el arte, la cultura o sencillamente con los otros en el bar que se aprecia en la planta baja. Cuenta, además, con dos pisos de librería, un auditorio en donde funciona el centro cultural Arnaldo Orfila Reynal, y un tercer piso pensado para muestras. "Ofrecemos todo el catálogo de la editorial más los títulos más importantes de las editoriales clásicas e independientes con el valor agregado de una linda experiencia. Apostamos por una oferta heterogénea, en la que puedas encontrar tanto los libros clásicos como los independientes e importados", resume Salcedo el espíritu de la Librería del Fondo. Perfil de público: "Muchos docentes e investigadores que se han formado con títulos de nuestra editorial y además muchas familias, muchos turistas y vecinos del barrio." Actividades culturales: • Erotopías en el Fondo, Ércole Lissardi y Ana Grynbaum, los días 21 y 22 de septiembre, a las 18. Un recorrido por las representaciones de la sexualidad en la cultura de Occidente como espacio de encuentro más allá de la realidad cotidiana, más cercano a los sueños. Viajes al territorio de Eros en la obra de artistas tan diversos como Watteau, Casanova, Gauguin, Flaubert, Van Gloeden, Beardsley, Balthus y Buñuel. Abierto a todo público • Jornadas Pizarnik, encuentro con autores y autoras alrededor de la obra de Alejandra Pizarnik. Los días 22 y 29 de octubre a las 18. • En el centro cultural también se dictan talleres. Actualmente, dos de ellos son dictados por Silvia Hopenhaynn y además ofrece un taller de periodismo para chicos. Títulos más vendidos: • Independientes de qué, de Víctor Malumián y Hernán López Winne. • El animalario vertical, un divertido libro infantil de Miguel Murugarren y Javier Sáez Castán. • Diario, de Witold Gombrowicz.
13/08/2017
La cocina de las editoriales independientes
Mariano Vespa
Diario Perfil

Los primeros abordajes sobre las editoriales independientes pusieron el acento en la autogestión como una manera de reactivación –política– frente a la crisis de 2001. En más de quince años, nacieron centenares de proyectos, con apuestas diversas en relación con el catálogo y con los modelos de gestión. La editorial Godot nació en 2008 en ese contexto, con frenesí del primer libro, Barroso y sublime: Poética para Perlongher (Marcos Wasem), pero demoraron un año en publicar un segundo título. Malumián, una referencia ineludible y solícita en la materia, cree que esa falla fue la que los impulsó a publicar Independientes, ¿de qué?: "Cuando recién arrancás, el primer error es creer que el libro termina cuando está impreso. Tenés un buen diseño, o una buena traducción, pero es el 50% del laburo. Por eso propusimos dar a entender una tipología del error". La investigación que desarrollan Malumián y López Winne, publicada el año pasado en México y recientemente en Argentina, pone el acento en los casos de 28 editoriales latinoamericanas con proyección, entre ellas Alquimia (Chile), Sexto Piso (México) y La Bestia Equilátera, por citar sólo algunas, que desandan el know-how de todos los procesos, desde la primera semilla hasta la difusión del catálogo. Un marco teórico consistente hilvana los relatos de las experiencias concretas de los editores. La idea fuerza que los sustenta, que va desde los aportes de Constantino Bértolo o Gabriel Zaid, tiene que ver con una cuestión bifaz: la capacidad de dejar una marca cultural y la proyección a nivel económico. "Dentro de un panorama enorme, elegimos cinco por país y, sin la pretensión de absolutismo, buscamos ciertas diferencias en la manera de hacer las cosas. En el caso de Argentina, por ejemplo, pensamos en las que arrancaron sin plata y con conocimiento, o con plata y sin conocimiento, o cualquier otra variable posible. Aprendimos mucho durante el proceso de investigación". "Sin las librerías, las editoriales morimos a los pocos días", enfatiza Malumián. En algunos locales de Buenos Aires, una de las ciudades con más librerías en el mundo, pueden verse carteles de la CAL (Cámara Argentina del Libro) con la inscripción SOS. En ediciones anteriores de PERFIL, se ha profundizado en los inconvenientes que genera la caída en las ventas del mercado. No bien asumió el Gobierno, impulsó la apertura de importaciones del sector con el hashtag #libroslibres. "No se trata sólo de eso, es un abanico. Si abrís para que compitan entre sí argentinos, mexicanos y españoles, tenés que tener en cuenta que España tiene un parque industrial más renovado que hace que los costos bajen, que están más cerca de los países que producen máquinas, que compran en euros y ganan en euros, que acá hay monopolios de pasteras, que el papel llega recontra gravado. Entonces, tiene que haber una articulación que abarque a varios actores, los editores, las librerías que el Estado con las debería tener cierta contemplación y espacios que no necesariamente son de comercialización, pero sí de lectura, como las bibliotecas. El tema no es sólo un subsidio o la compra de ejemplares por parte del Estado, sino algo más integral". Malumián no cree que el éxito de la última Feria de Editores (FED), con más de 140 editoriales latinoamericanas invitadas, sea una señal de recuperación. La FED logró darle un espacio a un público lector interesado por ver catálogos completos y hablar con editores. Surge de esa mirada que dice "si yo hago un libro estupendo, cómo no me descubren. El tema es cómo llegar a ese lector, que tal vez no suele ir a ferias sin traicionar el catálogo. Tal vez mejor diseño, mejor difusión, más puntos de venta. Todo eso implica más costos, más decisiones". Independientes, ¿de qué? pone en consideración que editar es un proceso orquestal, que involucra una serie de procedimientos indispensables. El libro condensa una apuesta: editar es un riesgo, pero genera mayor estímulo cuando es compartido. No sólo se trata de surfear la coyuntura evanescente, sino también implica pensar nuevos desafíos. Acaso uno de los más relevantes tiene que ver con la visibilidad: no se trata sólo de los espacios de exhibición sino también de seguir apuntalando un modo de hacer, una forma de concebir las distintas etapas del desarrollo. "Pienso la diferencia entre las editoriales grandes y chicas en balance. Nosotros hacemos el laburo de prensa, recibimos el flete, armamos el pedido para las librerías. El tema es cómo repartir el tiempo para los manuscritos y la curación versus vender lo que ya hiciste. Ese equilibrio es muy fino y se rompe muy fácil".
06/07/2017
Manual de peripecias editoriales
Mariana Domínguez Batis
La Jornada Semanal

En tiempo de individualismos, a veces mezquinos, el libro Independientes, ¿de qué?, de los argentinos Hernán López Winne y Víctor Malumián, destaca el panorama libresco como una iniciativa generosa, pensada para que quienes vienen detrás de ellos se tropiecen menos en la aventura de las editoriales independientes. Los fundadores de Ediciones Godot se avocaron a la maratónica tarea de buscar a veintiocho editoriales independientes de su país, México, Chile, Colombia, Perú y Uruguay, para después entrevistar a sus fundadores y responder a la pregunta “qué mueve a alguien a emprender un proyecto editorial”, con el fin último de crear un breve “decálogo de errores y soluciones” para aquél que decida hacerlo. El libro responde a un hecho que infunde ánimo: existe un auge de editoriales independientes en Latinoamérica, pese a que la publicación de obras literarias está condicionada a sus beneficios económicos y no a su calidad, por lo que resulta necesario transmitir el aprendizaje obtenido por ensayo y error a los que se suman a las listas de quienes editan contra la corriente. La riqueza del volumen consiste quizá en que delinea un panorama latinoamericano de la edición independiente en América Latina, a partir de la voz de sus propios protagonistas. Además, logra consolidarse como una especie de manual con consejos muy prácticos para los editores incipientes que un día deciden aventurarse en la creación de libros. López Winne y Malumián abarcan de una manera didáctica todas las etapas del proceso de edición bibliográfica y detallan tanto los aciertos de un editor, como los detalles que pueden resultar fatídicos. Es así que, con ejemplos reales de sus entrevistados, señalan errores de primerizos y experimentados, como omitir el ISBN, una mala elección de papel o formato, entre otros. El talón de Aquiles de los editores independientes es la comercialización, como señalan los autores, ya que, en general, quienes inician empresas de este tipo estudiaron carreras de humanidades y no administración de empresas. Probablemente el error más común sea desdeñar la parte empresarial, en detrimento del contenido del libro. Es por ello que buena parte del aprendizaje que ofrece el volumen se concentra en las problemáticas de financiamiento, liquidez y rentabilidad. El trabajo del editor no termina cuando sale de la imprenta y se coloca en librerías, sino que ahí apenas comienza, apuntan los autores, quienes explican con sencillez modos para atraer la atención de los periodistas, generar demanda en el público, participar en ferias del libro, aprovechar las redes sociales, organizar la distribución, cobranza y hasta exportación de libros. Dos cuestionamientos esenciales del vademécum son qué es ser un editor independiente y, como lo dice el mismo título, independiente, ¿de qué?. Es frecuente que se confunda la escasez de recursos con un sentimiento de independencia al momento de elegir qué publicar y qué no. Pero la realidad dista de ello, ya que es “casi imposible tener una autonomía editorial sin una autonomía económica”, de acuerdo con los encargados de la obra. Para comprender mejor el fenómeno, los también fundadores de la revista Esperando a Godot, recurren al teórico Pierre Bordieu para explicar que el libro tiene una doble faceta: tanto económica, al ser considerado una mercancía, como cultural, al verse como algo simbólico. Es en este punto cuando el editor debe enarbolar su naturaleza bifronte, para conciliar el arte y el dinero. En el contexto mexicano, los argentinos analizan el caso de la editorial Sexto Piso y del Colectivo Tumbona. La primera destaca por su exitosa estrategia de comercialización y relaciones públicas, a través de fiestas y cocteles, como alternativa a las estrategias tradicionales de difusión. Mientras que el segundo resalta por ser un esfuerzo en el que todos los miembros del colectivo opinan y colaboran para la creación del producto final. Después de presentar testimonios variopintos de editores de distintos países, los artífices del tomo concluyen que en realidad no existen reglas universales ni una receta única para ser editor independiente, más que el ensayo y error que lleva a “hacer las cosas, equivocarse, corregir, volver a equivocarse y volver a corregir”. Al final, editar libros es una apuesta ideológica estética y cultural; digamos, casi un acto de fe.
19/05/2017
La revolución es ahora
Alejandra Varela
Página 12

Susan Buck-Morss, filósofa y autora de Dialéctica de la mirada, estuvo en Buenos Aires y analizó, a la luz de los conceptos de Walter Benjamin que viene investigando en sus libros, la revolución feminista y su acción concreta en la praxis política. El sentido de apropiarse del término revolución para transformar la realidad sin que nos devore la teoría. Existe una filosofía que se hace caminando. Escribir se convierte en una práctica tan activa como la mirada que compone y destruye esa ciudad que es la materia de sus ideas. Allí podría encontrarse Walter Benjamin en los años treinta, entregado a la fantasmagoría del París de los pasajes, dispuesto a una escritura que era interpretación y disputa con esa realidad sobre la que interrumpía continuidades y creaba imágenes iluminadoras. Pero también, por una suerte de temporalidad que es ambigua, donde el pasado se enlaza como un hilo cortado, perdido para que el presente sea una madeja contradictoria y lumínica de la que saldrán conceptos nuevos, en esa misma ciudad podrá hacer uso de su atención filosa Susan Buck-Morss. La filósofa norteamericana supo entrar a El libro de los pasajes como si se tratara de una calle que escondía un método para descifrarla. Ella jugó con los borradores de Benjamin en un aprendizaje mimético y escribió Dialéctica de la mirada, un libro donde los hechos y las cosas son un lenguaje que expresa algo histórico y transitorio, una constelación que se captura como una invención política. Buck-Morss estuvo en Buenos Aires invitada por la Universidad de Tres de Febrero y entre sus charlas y clases la revolución, como una radiación presente, trajo esos apuntes benjaminianos donde el montaje del autor alemán se convierte en una textualidad abierta que pide ser invadida y completada. Usted señalaba en La ciudad como mundo de ensueño y catástrofe que el diseño de las ciudades hoy se rige más por criterios de seguridad que de ilusión, pero esa presencia de lo real tiene el mismo efecto narcotizante que Benjamin veía en la fantasmagoría, no provoca crítica. –Si decimos que la fantasmagoría produce un shock y nos anestesia y la realidad también nos shockea y anestesia, entonces todas las formas culturales producen lo mismo. ¿Cuál es la posibilidad de hacer una crítica política a través de la cultura si todo es lo mismo? Si es lo mismo la realidad que la fantasmagoría, ¿cuál sería la potencia de la cultura para producir una crítica política? Me parece que esta es una gran pregunta que se tiene que responder microscópicamente. No hacer grandes teorías sobre la cultura de masas. Enfocar, en detalles, en fragmentos, esa sería la respuesta benjaminiana, construir imágenes dialécticas. Benjamin hablaba de iluminar las posibilidades revolucionarias del presente. ¿Cómo hacer esto hoy, en una etapa que no parece muy propicia para las revoluciones? Me parece que lo revolucionario hoy puede encontrarse en las formas en las que se manifiesta el feminismo donde no se lucha solo por derechos (que son fundamentales) sino por cuestionar una matriz de masculinidad que es generadora de violencia. Es algo muy profundo que lleva a repensarlo todo. –Sí, yo diría que el feminismo es revolucionario. Podría decir, usemos revolucionario como adjetivo, no como sustantivo. Yo veo que hay distintos grupos o movimientos que se apropian del término revolución. Tiene un sentido político hacer este uso de la palabra revolución pero si vamos a la historia del término lo primero que quiere decir revolución es una revolución solar, volver al punto de inicio. Es un término que si lo estudiamos en profundidad pierde todo valor crítico. Es una palabra que adquiere un significado profundo y potente en la práctica. Efectivamente yo creo que algo está pasando con las mujeres muy interesante, lo mismo con movimientos como Somos el 99%, Occupy Wall Street. En mi libro Mundo de ensueño y catástrofe, sobre la revolución rusa, planteo una diferencia que me importa subrayar entre la vanguardia artística y la vanguardia política. Los bolcheviques, que eran la vanguardia política del partido, tenían un plan y sabían adónde iban y todo el resto tenía que estar atrás y seguir ese plan. La vanguardia artística se tomaba la revolución en un sentido muy serio y muy radical de vamos a cambiar todo, los muebles, vamos a cambiar la forma de las teteras, porque eso va a producir una transformación de la vida cotidiana y de nuestra mente. Una revolución llevada a un grado muy intenso y que muchas veces se pensaba en términos de liberación. Cuando aparecen palabras como liberación, revolución, aparecen algunas constelaciones, por alguna razón queremos usarlas para nombrar esa transformación material pero tal vez eso, como decía Benjamin, es transitorio, no tenemos que pensar que se puede llevar a cualquier otro momento. Lo revolucionario tiene una fecha de vencimiento y está bien porque eso quiere decir que puede volver a aparecer, pero no hay que pensar que ya sabemos qué es lo revolucionario y lo tenemos para siempre sino que tiene que ver con los modos en que las constelaciones históricas se producen en cada momento. Ese shock es más probable que hoy ocurra en la acción política concreta que en el arte. En la época de Benjamin todavía se creía en la posibilidad revolucionaria del arte que hoy está prácticamente descartada. –Efectivamente, el arte ya no tiene esa potencia de producir una revolución. También creo que donde se pueden producir momentos revolucionarios o transformadores es en la experiencia de performance política. Estar y hacer las cosas revolucionarias es algo transformador para quien las realiza, y lo es también ver cómo otros las hacen. Estar en experiencias de democracia directa aquí en la Argentina, o cuando las mujeres marchan por las calles. Cuando presencié la Primavera árabe en las plazas de Egipto yo aprendí algo ahí, reconocí en esa lucha una lucha común. La experiencia de hacer y de ver que otros hacen es muy importante. ¿En estos movimientos políticos hay algo de ese espíritu de vanguardia que se veía en el arte a comienzos del siglo XX? –Estos movimientos feministas son algo de vanguardia, en el sentido de experimentación, no en el sentido de vanguardia política que guía. En relación a esto hay un concepto que aparece mucho en Benjamin que es el concepto de mímesis que también aparece en Marx y en Hegel. La capacidad mimética es fundamental en los procesos de creación y transformación política porque tiene que ver con lo que nosotros aprendemos haciendo, en la práctica, no en el aprendizaje libresco. La mímesis está conectada con el aprendizaje del hacer y eso sería fundamental en un proceso revolucionario pero, lamentablemente, lo que sucede es que una vanguardia política aprende en términos teóricos y luego quiere bajar esa teoría que es verdadera al pueblo, en vez de dejar que el pueblo aprenda en su práctica y esto es algo que no solo le pasa a la vanguardia política sino que le pasa a una profesora cuando está enseñando Marx ¿Cómo se transmite ese pensamiento? Siempre hay un punto en el que se lo domestica en esa transmisión teórica. Por eso la mímesis como práctica supera eso. Por supuesto que lo que estoy diciendo puede ser objeto de crítica porque es un poco anarquista. Creo que estamos más cerca de pensar que lo que más vale son esas formas más teóricas y no las formas anárquicas de la experimentación que yo creo que son la gran fuerza para la política revolucionaria.
19/05/2017
La revolución es ahora
Alejandra Varela
Página 12

Susan Buck-Morss, filósofa y autora de Dialéctica de la mirada, estuvo en Buenos Aires y analizó, a la luz de los conceptos de Walter Benjamin que viene investigando en sus libros, la revolución feminista y su acción concreta en la praxis política. El sentido de apropiarse del término revolución para transformar la realidad sin que nos devore la teoría. Existe una filosofía que se hace caminando. Escribir se convierte en una práctica tan activa como la mirada que compone y destruye esa ciudad que es la materia de sus ideas. Allí podría encontrarse Walter Benjamin en los años treinta, entregado a la fantasmagoría del París de los pasajes, dispuesto a una escritura que era interpretación y disputa con esa realidad sobre la que interrumpía continuidades y creaba imágenes iluminadoras. Pero también, por una suerte de temporalidad que es ambigua, donde el pasado se enlaza como un hilo cortado, perdido para que el presente sea una madeja contradictoria y lumínica de la que saldrán conceptos nuevos, en esa misma ciudad podrá hacer uso de su atención filosa Susan Buck-Morss. La filósofa norteamericana supo entrar a El libro de los pasajes como si se tratara de una calle que escondía un método para descifrarla. Ella jugó con los borradores de Benjamin en un aprendizaje mimético y escribió Dialéctica de la mirada, un libro donde los hechos y las cosas son un lenguaje que expresa algo histórico y transitorio, una constelación que se captura como una invención política. Buck-Morss estuvo en Buenos Aires invitada por la Universidad de Tres de Febrero y entre sus charlas y clases la revolución, como una radiación presente, trajo esos apuntes benjaminianos donde el montaje del autor alemán se convierte en una textualidad abierta que pide ser invadida y completada. Usted señalaba en La ciudad como mundo de ensueño y catástrofe que el diseño de las ciudades hoy se rige más por criterios de seguridad que de ilusión, pero esa presencia de lo real tiene el mismo efecto narcotizante que Benjamin veía en la fantasmagoría, no provoca crítica. –Si decimos que la fantasmagoría produce un shock y nos anestesia y la realidad también nos shockea y anestesia, entonces todas las formas culturales producen lo mismo. ¿Cuál es la posibilidad de hacer una crítica política a través de la cultura si todo es lo mismo? Si es lo mismo la realidad que la fantasmagoría, ¿cuál sería la potencia de la cultura para producir una crítica política? Me parece que esta es una gran pregunta que se tiene que responder microscópicamente. No hacer grandes teorías sobre la cultura de masas. Enfocar, en detalles, en fragmentos, esa sería la respuesta benjaminiana, construir imágenes dialécticas. Benjamin hablaba de iluminar las posibilidades revolucionarias del presente. ¿Cómo hacer esto hoy, en una etapa que no parece muy propicia para las revoluciones? Me parece que lo revolucionario hoy puede encontrarse en las formas en las que se manifiesta el feminismo donde no se lucha solo por derechos (que son fundamentales) sino por cuestionar una matriz de masculinidad que es generadora de violencia. Es algo muy profundo que lleva a repensarlo todo. –Sí, yo diría que el feminismo es revolucionario. Podría decir, usemos revolucionario como adjetivo, no como sustantivo. Yo veo que hay distintos grupos o movimientos que se apropian del término revolución. Tiene un sentido político hacer este uso de la palabra revolución pero si vamos a la historia del término lo primero que quiere decir revolución es una revolución solar, volver al punto de inicio. Es un término que si lo estudiamos en profundidad pierde todo valor crítico. Es una palabra que adquiere un significado profundo y potente en la práctica. Efectivamente yo creo que algo está pasando con las mujeres muy interesante, lo mismo con movimientos como Somos el 99%, Occupy Wall Street. En mi libro Mundo de ensueño y catástrofe, sobre la revolución rusa, planteo una diferencia que me importa subrayar entre la vanguardia artística y la vanguardia política. Los bolcheviques, que eran la vanguardia política del partido, tenían un plan y sabían adónde iban y todo el resto tenía que estar atrás y seguir ese plan. La vanguardia artística se tomaba la revolución en un sentido muy serio y muy radical de vamos a cambiar todo, los muebles, vamos a cambiar la forma de las teteras, porque eso va a producir una transformación de la vida cotidiana y de nuestra mente. Una revolución llevada a un grado muy intenso y que muchas veces se pensaba en términos de liberación. Cuando aparecen palabras como liberación, revolución, aparecen algunas constelaciones, por alguna razón queremos usarlas para nombrar esa transformación material pero tal vez eso, como decía Benjamin, es transitorio, no tenemos que pensar que se puede llevar a cualquier otro momento. Lo revolucionario tiene una fecha de vencimiento y está bien porque eso quiere decir que puede volver a aparecer, pero no hay que pensar que ya sabemos qué es lo revolucionario y lo tenemos para siempre sino que tiene que ver con los modos en que las constelaciones históricas se producen en cada momento. Ese shock es más probable que hoy ocurra en la acción política concreta que en el arte. En la época de Benjamin todavía se creía en la posibilidad revolucionaria del arte que hoy está prácticamente descartada. –Efectivamente, el arte ya no tiene esa potencia de producir una revolución. También creo que donde se pueden producir momentos revolucionarios o transformadores es en la experiencia de performance política. Estar y hacer las cosas revolucionarias es algo transformador para quien las realiza, y lo es también ver cómo otros las hacen. Estar en experiencias de democracia directa aquí en la Argentina, o cuando las mujeres marchan por las calles. Cuando presencié la Primavera árabe en las plazas de Egipto yo aprendí algo ahí, reconocí en esa lucha una lucha común. La experiencia de hacer y de ver que otros hacen es muy importante. ¿En estos movimientos políticos hay algo de ese espíritu de vanguardia que se veía en el arte a comienzos del siglo XX? –Estos movimientos feministas son algo de vanguardia, en el sentido de experimentación, no en el sentido de vanguardia política que guía. En relación a esto hay un concepto que aparece mucho en Benjamin que es el concepto de mímesis que también aparece en Marx y en Hegel. La capacidad mimética es fundamental en los procesos de creación y transformación política porque tiene que ver con lo que nosotros aprendemos haciendo, en la práctica, no en el aprendizaje libresco. La mímesis está conectada con el aprendizaje del hacer y eso sería fundamental en un proceso revolucionario pero, lamentablemente, lo que sucede es que una vanguardia política aprende en términos teóricos y luego quiere bajar esa teoría que es verdadera al pueblo, en vez de dejar que el pueblo aprenda en su práctica y esto es algo que no solo le pasa a la vanguardia política sino que le pasa a una profesora cuando está enseñando Marx ¿Cómo se transmite ese pensamiento? Siempre hay un punto en el que se lo domestica en esa transmisión teórica. Por eso la mímesis como práctica supera eso. Por supuesto que lo que estoy diciendo puede ser objeto de crítica porque es un poco anarquista. Creo que estamos más cerca de pensar que lo que más vale son esas formas más teóricas y no las formas anárquicas de la experimentación que yo creo que son la gran fuerza para la política revolucionaria.
20/04/2017
La lengua, los libros y el pensamiento
Silvina Friera
Página 12

La semilla, que se abrió y crece, no es todavía un fruto maduro. La Librería del Fondo de Cultura Económica (FCE) y el Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal –que se inauguró en noviembre del año pasado en Costa Rica 4568, enfrente de la plaza Armenia– está construyendo su identidad a la par que busca integrar a más personas con los talleres de periodismo para chicos, las presentaciones de libros, narración de cuentos, exposiciones, ciclos de cine, obras de teatro, y pequeños conciertos y recitales por los que pasaron en estos cinco meses Luisa Valenzuela, Martín Kohan, Pedro Mairal, Fernanda García Lao, Alejandro Grimson, la estadounidense Maxine Swann, Miss Bolivia y Juan Balaguer, entre otros. El espacio –que diseñó el arquitecto Clorindo Testa poco antes de su muerte–, está abierto a distintas propuestas para concertar entre artistas, poetas, narradores, intelectuales, editores y talleristas el menú de opciones que desplegará este año. “No es un momento fácil para crecer, pero estamos asumiendo el desafío”, plantea el poeta y editor Alejandro Archain, gerente general del FCE de Argentina. “Necesitamos instalar y difundir un lugar nuevo, donde no venimos a traer ninguna novedad. Poner una librería en Buenos Aires no es algo que tenga una originalidad que pueda destacarse. Hay muchas librerías en Buenos Aires, muy lindas y muy buenas. Lo mismo pasa con un centro cultural. De acá en adelante, vamos a afinar el modo de relación para difundir las actividades culturales. La dificultad que presenta el tema de la comunicación de lo que ocurre, cuando no se tiene presupuesto para poner grandes avisos, es cómo se enteran el público y los lectores de las actividades que hacemos. Esto se construyó y se inauguró, y ahora hay que darle vida y hacer que la gente lo conozca y venga”, agrega Archain durante la conferencia de prensa y anticipa que en mayo se realizará la “Semana Juan Rulfo”, por el centenario del nacimiento del escritor mexicano, en la que participarán Liliana Colanzi (Bolivia), Nicolás Prividera (Argentina) y Rodrigo Márquez Tizano (México), entre otros. Carlos Salcedo, encargado de la librería y del Centro Cultural –junto con Julia Bustos y Rafael Toriz–, tiene “uñas de guitarrero” en el rubro. Librero de alma, inició su itinerario laboral en Fausto, se formó con Elvio Vitali en Gandhi, también trabajó en Prometeo y en Guadalquivir. “En esta librería de gran superficie queremos desarrollar la lógica de la librería más pequeña, de barrio; poder asesorar y tener un acercamiento cotidiano para darle un valor agregado a los lectores, porque los libros están todos en las librerías. Queremos generar un vínculo desde otro lado”, explica Salcedo y cuenta que Maxi Aguirre presentará en las próximas semanas su último libro, Tango cruzado. También se presentarán El método de Martin Heidegger, con Dina Picotti, traductora del libro, Edgardo Albizu, Lucas Fragasso y Leandro Pinkler; Los condenados. Pasolini en América (Nulú Bonsai), compilado por Héctor Kohen y Sebastián Russo, con Eduardo Grüner. “La idea es hacer un espacio adonde podamos integrar la mayor cantidad de gente posible dándole un producto de calidad, sobre todo en el servicio. Que la gente se sienta realmente a gusto y poder ayudarla a descubrir libros y autores que no conoce, no venderle cualquier cosa”, subraya el librero. Rafael Toriz señala que no es casual que la librería se llame Arnaldo Orfila Reynal (1897-1998), con el nombre del primer director del FCE en Argentina. A cargo de la filial entre 1945 y 1947, este hombre de libros estuvo al frente del Fondo cuando se fue a vivir a México, y después fundó Siglo XXI y colaboró en el armado de Eudeba, la editorial de la Universidad de Buenos Aires. “Estos polos editoriales fue lo que hizo de la Argentina y México la gran patria latinoamericana y lo mejor que pudo hacerse hermanados en el continente”, recordó el escritor mexicano, uno de los colaboradores de la programación literaria, y precisó que este espacio se inauguró el año pasado, cuando se cumplieron los 80 años del FCE. “Lejos de funcionar como una agregaduría cultural, de lo que se trata es de reforzar un vínculo muy importante con un productor de pensamientos, de libros, de literatura, como lo ha sido la Argentina. Este centro cultural, una obra de arte en sí misma, tiene que ver con articular la lengua, los libros y el pensamiento producidos desde América Latina. En este momento en que todo está en crisis y lo extraño es que se mantenga cualquier tipo de institución es un logro que nos siga uniendo lo más valioso que tenemos que es la producción de pensamiento”. De la “Semana Juan Rulfo”, organizada conjuntamente con la Biblioteca Nacional, Eterna Cadencia y la Embajada de México, se explorará la obra del autor de Pedro Páramo como cineasta, se proyectarán películas inspiradas en novelas y cuentos del narrador mexicano, y habrá lecturas en la que participarán actores. Toriz aclara que el centro cultural tiene que ser “un punto de encuentro, un lugar para multiplicar que permita la posibilidad de seguir imaginándonos, una cosa que es tan importante en tiempos tan perentorios”.
20/04/2017
La lengua, los libros y el pensamiento
Silvina Friera
Página 12

La semilla, que se abrió y crece, no es todavía un fruto maduro. La Librería del Fondo de Cultura Económica (FCE) y el Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal –que se inauguró en noviembre del año pasado en Costa Rica 4568, enfrente de la plaza Armenia– está construyendo su identidad a la par que busca integrar a más personas con los talleres de periodismo para chicos, las presentaciones de libros, narración de cuentos, exposiciones, ciclos de cine, obras de teatro, y pequeños conciertos y recitales por los que pasaron en estos cinco meses Luisa Valenzuela, Martín Kohan, Pedro Mairal, Fernanda García Lao, Alejandro Grimson, la estadounidense Maxine Swann, Miss Bolivia y Juan Balaguer, entre otros. El espacio –que diseñó el arquitecto Clorindo Testa poco antes de su muerte–, está abierto a distintas propuestas para concertar entre artistas, poetas, narradores, intelectuales, editores y talleristas el menú de opciones que desplegará este año. “No es un momento fácil para crecer, pero estamos asumiendo el desafío”, plantea el poeta y editor Alejandro Archain, gerente general del FCE de Argentina. “Necesitamos instalar y difundir un lugar nuevo, donde no venimos a traer ninguna novedad. Poner una librería en Buenos Aires no es algo que tenga una originalidad que pueda destacarse. Hay muchas librerías en Buenos Aires, muy lindas y muy buenas. Lo mismo pasa con un centro cultural. De acá en adelante, vamos a afinar el modo de relación para difundir las actividades culturales. La dificultad que presenta el tema de la comunicación de lo que ocurre, cuando no se tiene presupuesto para poner grandes avisos, es cómo se enteran el público y los lectores de las actividades que hacemos. Esto se construyó y se inauguró, y ahora hay que darle vida y hacer que la gente lo conozca y venga”, agrega Archain durante la conferencia de prensa y anticipa que en mayo se realizará la “Semana Juan Rulfo”, por el centenario del nacimiento del escritor mexicano, en la que participarán Liliana Colanzi (Bolivia), Nicolás Prividera (Argentina) y Rodrigo Márquez Tizano (México), entre otros. Carlos Salcedo, encargado de la librería y del Centro Cultural –junto con Julia Bustos y Rafael Toriz–, tiene “uñas de guitarrero” en el rubro. Librero de alma, inició su itinerario laboral en Fausto, se formó con Elvio Vitali en Gandhi, también trabajó en Prometeo y en Guadalquivir. “En esta librería de gran superficie queremos desarrollar la lógica de la librería más pequeña, de barrio; poder asesorar y tener un acercamiento cotidiano para darle un valor agregado a los lectores, porque los libros están todos en las librerías. Queremos generar un vínculo desde otro lado”, explica Salcedo y cuenta que Maxi Aguirre presentará en las próximas semanas su último libro, Tango cruzado. También se presentarán El método de Martin Heidegger, con Dina Picotti, traductora del libro, Edgardo Albizu, Lucas Fragasso y Leandro Pinkler; Los condenados. Pasolini en América (Nulú Bonsai), compilado por Héctor Kohen y Sebastián Russo, con Eduardo Grüner. “La idea es hacer un espacio adonde podamos integrar la mayor cantidad de gente posible dándole un producto de calidad, sobre todo en el servicio. Que la gente se sienta realmente a gusto y poder ayudarla a descubrir libros y autores que no conoce, no venderle cualquier cosa”, subraya el librero. Rafael Toriz señala que no es casual que la librería se llame Arnaldo Orfila Reynal (1897-1998), con el nombre del primer director del FCE en Argentina. A cargo de la filial entre 1945 y 1947, este hombre de libros estuvo al frente del Fondo cuando se fue a vivir a México, y después fundó Siglo XXI y colaboró en el armado de Eudeba, la editorial de la Universidad de Buenos Aires. “Estos polos editoriales fue lo que hizo de la Argentina y México la gran patria latinoamericana y lo mejor que pudo hacerse hermanados en el continente”, recordó el escritor mexicano, uno de los colaboradores de la programación literaria, y precisó que este espacio se inauguró el año pasado, cuando se cumplieron los 80 años del FCE. “Lejos de funcionar como una agregaduría cultural, de lo que se trata es de reforzar un vínculo muy importante con un productor de pensamientos, de libros, de literatura, como lo ha sido la Argentina. Este centro cultural, una obra de arte en sí misma, tiene que ver con articular la lengua, los libros y el pensamiento producidos desde América Latina. En este momento en que todo está en crisis y lo extraño es que se mantenga cualquier tipo de institución es un logro que nos siga uniendo lo más valioso que tenemos que es la producción de pensamiento”. De la “Semana Juan Rulfo”, organizada conjuntamente con la Biblioteca Nacional, Eterna Cadencia y la Embajada de México, se explorará la obra del autor de Pedro Páramo como cineasta, se proyectarán películas inspiradas en novelas y cuentos del narrador mexicano, y habrá lecturas en la que participarán actores. Toriz aclara que el centro cultural tiene que ser “un punto de encuentro, un lugar para multiplicar que permita la posibilidad de seguir imaginándonos, una cosa que es tan importante en tiempos tan perentorios”.
18/01/2017
Homenaje a Ricardo Piglia, en clave latinoamericana
Natalia Blanc
Diario La Nación

A once días de la muerte de Ricardo Piglia, la sede central de Fondo de Cultura Económica en México organizó ayer el primer homenaje al autor, con la participación de escritores y académicos mexicanos, colombianos, argentinos, chilenos y españoles. El acto fue transmitido por streaming desde el sitio web del FCE. Tuvo enlaces con las filiales de Bogotá, Buenos Aires y Madrid. En la mesa coordinada por José Carreño Carlón, director de la editorial mexicana, estuvieron el editor Manuel S. Garrido, la profesora Rose Corral, la escritora Daniella Blejer y la ensayista y crítica Liliana Weinberg. "Hace poco, cuando el Fondo cumplió 80 años, Piglia nos envío un mensaje que decía que se sentía en deuda con la editorial. Por eso hoy quiero reconocer la enorme deuda que tendrá el mundo del libro en español para siempre con él", dijo Carreño Carlón. Desde Buenos Aires, lo recordaron el poeta Alejandro Archain, gerente general de FCE en la Argentina, y los escritores Martín Kohan y Guillermo Saavedra. Archain destacó a Piglia como editor de la Serie del Recienvenido. "Le gustaba mucho la tarea. Ya habíamos empezado a hablar sobre la posibilidad de ampliar la colección a escritores latinoamericanos no muy difundidos", contó. Una idea que la editorial tiene en estudio, según adelantó Carreño Carlón. Kohan y Saavedra, en la misma línea que los demás participantes, resaltaron la generosidad de Piglia como docente y la lucidez como autor. "Con Crítica y ficción y Nombre falso nos enseñó nuevos modos de leer y nuevos modos de narrar. Y en el cruce entre ambos mundos, Piglia aportó una pedagogía de la lectura y una extraordinaria maquinaria de escritura", resumió Corral.
17/01/2017
Homenajearon a Piglia y lo recordaron como el gran lector de la literatura latinoamericana
Sin mención
Agencia Télam

Kohan, escritor y profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires (UBA); Saavedra, poeta, crítico, periodista y editor; y Alejandro Archain, gerente del FCE local, participaron del homenaje que se realizó este mediodía en la sede del barrio porteño de Palermo; desde donde se comunicaron con el presidente del FCE mexicano, José Carreño Carlón, quien se encargó de coordinar las videoconferencias. "Piglia logró articular elementos que solemos pensar de manera opuesta, como la ficción y la crítica literaria y logró hacerlos funcionar juntos", expresó Kohan y señaló que el autor de "Respiración artificial", "Plata Quemada" y "Prisión perpetua" también encontró la manera de articular las nociones de tradición y vanguardia. Para Kohan, esa articulación le permitió a Piglia escribir "Las tres vanguardias", un volumen de clases en las que discutió la tradición de la literatura argentina a través de las obras de Juan José Saer, Manuel Puig y Rodolfo Walsh. Kohan hizo hincapié en la oralidad como un aspecto fundamental para entender la obra de Piglia: "La conversación de Ricardo era un laboratorio de ideas (...). Sus clases universitarias y sus programas sobre literatura argentina para la TV Pública no eran sustancialmente diferentes porque no simplificaba el lenguaje que utilizaba en la universidad para hablar en un estudio de televisión". En tanto Saavedra resaltó que "las conversaciones con él sobre la vida y la literatura siempre eran muy estimulantes" y consideró que "su obra era una continuación de su ética personal", ya que el autor de "Los diarios de Emilio Renzi" realizaba "un sabio ejercicio de hospitalidad". Desde España, Eduardo Becerra, profesor titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Autónoma de Madrid, director del Máster de Edición de Libros y representante de la editorial Lengua de Trapo, retomó "la oralidad como una marca que atraviesa la obra de Piglia", a quien definió como "un excelente narrador" y "un autor fundamental para pensar la relación entre literatura y política". Carreño Carlón inauguró el homenaje recordando que "Piglia decía que tenía una deuda" con el FCE porque en su adolescencia había encontrado un ejemplar de "El Llano en llamas", de Juan Rulfo, editado por ese sello, que "le había cambiado la vida". "En consecuencia,desde esta editorial queremos marcar la importancia de las intertextualidades que lograba el escritor con su pedagogía, que permitieron crear un sistema de puentes entre las literaturas de América Latina", aseveró. Y en este marco, rescató: "Piglia decía que los escritores latinoamericanos viajaban más que sus obras". Por su parte, Rose Corral, doctora en Literatura Hispánica por El Colegio de México y profesora e investigadora en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de la misma institución, se refirió al cruce de la crítica y la ficción en su obra. Ese encuentro "nos hace conocer a Piglia como un extraordinario lector que cambió la percepción de la literatura latinoamericana", remarcó Corral, quien trabajó con él en los diarios de Roberto Arlt que se dieron a conocer en 2008. "Fue quien mejor nos enseñó a leer las intersecciones entre los modos de lectura y los modos de narrar", resumió la académica. A su vez, Archain se refirió a su trabajo como editor junto a Piglia para la Serie de los recién venidos -cuya última publicación fueron los cuentos completos de Ezequiel Martínez Estrada- y afirmó que le permitió "compartir la tarea con un verdadero profesional de la edición que estaba tan atento a la comunicación como a las maquetas de los libros". Otra de las voces que se sumaron al recuerdo del escritor argentino fue la del chileno Manuel Garrido, profesor e investigador de la Universidad de México, que desde ese país resaltó la "generosidad pedagógica" de Piglia y aseguró que "su literatura asumió la tarea de poner vida y memoria donde la muerte suele imponer olvido". "La vida para él estaba ligada estrechamente a la idea del lector", destacó Garrido, quien eligió citar "dos imágenes poéticas de Piglia" para recordarlo: "El libro conectado a la vena del lector y las historias que salen de la boca de unos para entrar en las bocas de otros, generando un proceso de respiración artificial". Desde Colombia, Andrea Torres Perdigón, investigadora de la obra de Piglia, Saer y Bolaño, señaló que "el legado" del escritor nacido en 1941 en Adrogué "fue demostrar que existe una forma de representar la experiencia y eso está presente en toda su obra, a través de la cual encontró una nueva relación entre la vida y el arte". Saavedra, el último de los oradores de la jornada, eligió recordar su amistad con Piglia, que comenzó a partir de un sueño en el cual el escritor le decía que "escribir es como desplazarse a través del espacio y del tiempo con seguridad y a pesar de los riesgos". A modo de balance, Saavedra remarcó que "generosidad" y "lector" fueron las palabras más escuchadas durante el homenaje al autor de "Crítica y ficción" y que "Piglia fue el más provechoso lector de Borges", quien además "se animó a escribir en la misma época que él". Piglia, una figura clave para entender la literatura argentina y latinoamericana contemporánea, falleció el 6 de enero en Ciudad de Buenos Aires a los 75 años, a causa de una esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad degenerativa que padecí­a hace años.
15/01/2017
Simples coincidencias
Alejandro Archain
Diario Página 12

“La vida es una cadena de encuentros casuales pero tratamos de explicarnos a nosotros mismos como si hubiéramos elegido desde el comienzo”. Ricardo Piglia, Los diarios de Emilio Renzi Conocí a Ricardo Piglia a finales de los 80, cuanto participé de un curso que impartía sobre novela en su estudio de la calle M.T. de Alvear. Íbamos allá un grupo de amigos, no más de cuatro o cinco, a leer y analizar la novelística argentina, de Sarmiento a Puig. Luego dejé de verlo durante algunos años, salvo algún encuentro circunstancial. Volví a conversar con él cuando inauguró la Feria del libro de Buenos Aires del 2008. Luego de intercambiar unas breves palabras junto al escenario de la Sala de inauguración, quedamos en tomar un café y conversar un rato. En 2011 y después de muchos encuentros y conversaciones Ricardo me propuso hacer la Serie a la que eligió llamar Del Recienvenido en homenaje a Macedonio Fernández, y me pasó un primer listado de títulos y autores. Su idea fue rescatar obras de narrativa argentina, escritas en la segunda mitad del siglo XX y que por algún motivo no habían tenido la repercusión que se merecían en el momento de su publicación. Destacaba, además, en su proyecto, el hecho de la importancia que tendría para los nuevos lectores conocer esas obras que habían quedado perdidas en los catálogos. En esta etapa me tocó conocer otro de los aspectos de quien ya era el Director de la Serie del Recienvenido, que venía a sumarse al del escritor y el profesor, ambas ya transitadas por mí. En este caso se trataba del Piglia editor, comprometido con todo lo que tenía que ver con la colección. Siempre con la sencillez y humildad que hacía que planteara cada cuestión como si se tratara de la humilde opinión de un recienvenido. La misma sencillez con que me regalaba un libro de su biblioteca y decía “lo tenés que leer”. O cuando me mandaba un par de generosas líneas por mail, a partir de la publicación de unos poemas míos. Y después de García vinieron Molloy, Basualdo, Feiling, Di Paola, Briante, Constante, Soares, Bosco, Libertella, Demitrópulos, Cozarinsky y, finalmente, Martínez Estrada. En forma paralela surgió el proyecto de publicación de su Antología personal, que salió en 2014, un itinerario trazado por el propio Piglia para recorrer su obra. En esos años de trabajo, mezclado en las charlas que por lo general manteníamos en las oficinas del Fondo, en el barrio de Palermo, tuvimos oportunidad de hablar sobre aspectos de la vida de cada uno. Ricardo llegaba siempre por la tarde, con tiempo para la charla informal, en donde invariablemente aparecían cuestiones de vida, anécdotas, situaciones de cada uno, que él enriquecía con su erudición, su inteligencia y su gran capacidad para sintetizar en una frase, nunca falta de humor o ironía, magistralmente. Aparecieron allí muchas situaciones que siempre me llamaron la atención por estar cargadas de coincidencias de vida, por rozar los límites entre vida y literatura, por hacer que por momento uno se perdiera, sin saber si había entrado en el territorio de la ficción. Allí se cruzaron las historias de nuestros padres y un destino circunstancial común, la ciudad de Mar del Plata, a partir de un hecho también común, el peronismo. Su padre había sido un médico de Adrogué, cuya adhesión al peronismo lo obligó a trasladarse a Mar del Plata en el año 1955, buscando refugio, luego del golpe militar y la caída de Perón. Mi padre, un abogado de San Fernando, buscó nuevos horizontes (sin encontrarlos), debido a que por su participación en los años del peronismo, en donde fue Senador por la provincia de Buenos Aires, se trasladó con quienes formábamos su familia a Mar del Plata, regresando pocos años después a San Fernando. Dos profesionales de la provincia de Buenos Aires, un médico y un abogado, dos peronistas, dos refugiados en la misma ciudad. También conversamos una de aquellas tardes de Palermo acerca de las circunstancias narradas en su libro Plata quemada, publicado en 1997. Como se recordará, se cuenta allí el asalto y sus consecuencias a la Municipalidad de San Fernando, hecho ocurrido en la tarde del 27 de septiembre de 1965; yo tenía entonces 12 años y lo recuerdo perfectamente. Vivíamos a pocas cuadras del lugar del robo. El que aparece como el entregador del botín se llamaba Atir Nocito, y era un ignoto cantor de tangos que lo hacía con el nombre artístico de Fontán Reyes. Había comenzado su carrera artística en 1958, perdiendo luego por un problema de salud la capacidad de sus cuerdas vocales durante una gira por Chile; terminó comprando un bar a pocos metros de mi casa, en San Ginés y Sarmiento. Bar al que yo iba de chico a tomar gaseosas, y muchas veces vi a Nocito en el lugar. Una vez le comenté a Ricardo que aquellas reuniones en el Fondo, que se fueron haciendo cada vez más constantes, a medida que avanzaba el proyecto de la Serie del Recienvenido, siempre eran por sugerencia suya a las cuatro y media de la tarde. Se lo dije como una curiosidad y le pregunté si había algún motivo para que así fuera. Se rió, como siempre lo hacía, y me dijo que era el horario que mejor le quedaba. Por la mañana escribía y luego de almorzar y descansar un rato, le quedaba bien venirse caminando (su casa está muy cerca de la editorial, en el barrio de Palermo) y ese horario era el ideal. Quedó así formalizado, que nuestros encuentros de trabajo eran a las cuatro y media de la tarde. En una calurosa tarde de Buenos Aires, me fui un rato antes de la editorial, quería llegar más temprano a casa. Era 6 de enero, día de mi cumpleaños y había quedado con mi mujer, mis hijos y nietos, que cenaríamos juntos. Caminaba por Zapiola hacia mi casa cuando sonó el celular y me avisaron que hacía unas pocas horas había muerto Ricardo Piglia. Al llegar a casa leí en el zócalo de algún noticiero que Piglia había muerto a las cuatro y media de la tarde, lo cual no pude corroborar. Sí volvieron a mi cabeza como si se tratara de una relectura, aquellas conversaciones. Historias de exilios en Mar del Plata, de asaltos a camiones blindados, de encuentros a la hora de la muerte, también de nuestras abuelas con el mismo nombre, Rosa. Y que todo era una red de entrecruzamientos y afinidades, de encuentros casuales, nacidos de la realidad y la ficción. * Poeta y editor. Gerente general del Fondo de Cultura Económica de Argentina.
13/01/2017
El largo adiós
Adrián Melo
Diario Página 12

Al menos en dos ocasiones Ricardo Piglia (1941-2017) escribió esas novelas que se constituyen en paradigmas de una época. Lo hizo en Respiración artificial (1980), narración alucinada sobre la dictadura militar y en Plata quemada (1997) con la bella metáfora de la quema del dinero por parte de los ladrones para denunciar la monstruosidad de la sociedad neoliberal. Nadie como él supo narrar el país y conjugar la literatura y la política en Argentina. Si eso solo no le valiera la inmortalidad, a ello hay que sumarle un espacio en el cielo de la literatura gay porque también fue pionero en narrar relaciones homoeróticas y ha legado las imágenes más emotivas del amor entre hombres. Tempranamente, en un relato de 1969, El Laucha Benítez cantaba boleros (1969) cuenta la tierna amistad entre dos boxeadores: el Vikingo, de pasado glorioso, cuerpo espléndido y rostro de galán de cine, devenido en luchador de catch y el Laucha Benítez, un novato de cuerpito escuálido y diminuto y cara de “monito tití” que canta boleros con voz aflautada en sus ratos libres. La afectuosa y simbiótica relación entre hombres circula en los espacios masculinos del Club Atenas y en los bares de Retiro y culmina en tragedia la mañana en que el Laucha Benítez amanece con el rostro golpeado y ensangrentado y agoniza en los brazos del Vikingo a la vez que le ofrece las últimas palabras de amor. Los motivos y los hechos del crimen no son aclarados por el relato. Pudo haber sido un crimen de odio o pudo haber sido producto del pánico homosexual del Vikingo ante un extático placer culpable. (En este sentido Piglia se anticipa al Manuel Puig de The Buenos Aires Affair –1973–, así como a la cárcel de La invasión –1967– preanuncia la de El beso de la mujer araña –1976–). No fue la última vez que unió a dos seres marginales. Las relaciones especulares entre seres rechazados y extraños fueron una de sus tantas obsesiones y de sus maneras de narrar la Argentina. En la última gran novela política del siglo XX, Plata quemada, volvió sobre el tema en la relación entre el Nene Brignone y el Gaucho Dorda y no casualmente los llamó los mellizos. El Nene Brignone y el Gaucho Dorda asaltan bancos y asesinan, y se hacen el amor, viven en los márgenes de la ley y la civilización occidental, como única estrategia de supervivencia frente a una sociedad que los ha condenado sin darles ninguna oportunidad. El lazo que une al Nene con el Gaucho es más fuerte que el deseo, el amor o el sexo: es la unión inseparable de dos seres desesperados por la soledad infinita de no tenerse más que a sí mismos. El acto que redime al Gaucho y al Nene y los eleva a la categoría de héroes malditos es justamente el que le da el título a la novela: quemar la plata robada cuando se encuentran rodeados por la policía. Con ello no solamente se toman revancha del mundo al quemar el símbolo sagrado de las sociedades en las cuales impera el modo de producción capitalista, sino que también, quizás sin quererlo, ejecutan un acto de revitalización y valoración de la vida. Quemar la plata es quitarle su valor y devolvérselo a la vida. Fue un escritor tan lúcido en trazar filiaciones y tópicos en la relación entre literatura y política como en su propia obra. Tiroteado por la policía el Nene muere semidesnudo en los brazos del Gaucho, susurrando palabras de amor en una escena análoga a la de El laucha Benítez cantaba boleros. Y nadie tampoco como Piglia narró mejor la eterna esperanza humana de la eternidad del amor: “El Gaucho quería seguir vivo… Quería volver a estar con el cuerpo desnudo del Nene, los dos abrazados en la cama, en el algún hotel perdido de la provincia”. O unas páginas más tardes cuando el Gaucho muere: “Iba entonces a reunirse con Nene Brignone, en el campo abierto, en el trigal, en la noche tranquila”.
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